Elisa.
Agotados
de mirar al infinito
se
levantó del piso entierrado,
el
vino sabía a cenizas y las cenizas ya no sabían de fiesta.
¿Qué
te pasó Elisa que tienes los ojos partidos?
¿Cuándo
violaron tanta memoria?
Nos
dio pena tanta luz, tanta ramada secreta
y
pasaron los días sin que nos diéramos cuenta,
pasaron
los días y nadie te vio,
Acurrucadasuciamojadayebriadesabores
tan
sola en el piso comiendo lo que caía de las mesas,
con
el sexo roto y la lengua seca,
seca seca siempre
tan seca,
y
todos fuimos tan desiertos para ti.
Y nos
creíamos dioses,
llenos
de falsos oros chorreábamos,
desbordábamos.
Hinchados
dejábamos que los bichos nos mordieran,
rojos
en ronchas sudábamos
siempre
tan calurosos no deteníamos la vista,
dispuestos
a explotar,
y tú,
tú
Elisa entre las patas de la mesa,
atenta
a un descuido,
cual
perra herida
con
ojos de parturienta,
pidiendo
y quitando
con
los pelos erizados, asustada
eras
súbdita y empleada,
china
y puta de la fiesta,
pero
no nos servías, no nos mirabas
y
nosotros te bramábamos
pero
tu te escondías y nos quitabas tus ojos,
saltabas
caliente al gritar tu nombre,
eras
suave de pellejos y huesos
gris
de la piel,
con
la saliva amarilla te queríamos transpirar,
y es
que Elisa
oh pobre Elisa
te
amábamos de una manera desesperada,
como
aman los dioses
llenos
de rabia y desprecio,
viles
y violentos sabíamos que nunca te podrías ir,
y
fuiste nuestra,
nuestra
hasta el asco
nuestra
hasta el sabor de las cenizas
nuestra,
hermosa Elisa, hasta que la carne se puso amarga,
nuestra
hasta que el polvo entraba en los ojos,
nuestra
hasta que no quedo nada bello en ti.
Fuimos
los dioses,
Sagrados y terribles,
herederos
del olor
tu
olor a sexo roto y vino con tierra,
fuimos
los dioses,
Sagrados y temibles,
los
destructores del mundo,
asesinos
implacables por ti Elisa,
la
menos cruel de nosotros,
la
con más veneno en las venas,
y
fuimos dioses,
Sagrados e imposibles,
los
que te invitamos a la vida, tan disputada Elisa,
fueron
nuestros golpes,
rítmicos
los
que rompieron tus dientes,
fueron
los avances arrolladores de nuestros estómagos ,
acompasados
los
que rajaron tus manos,
fue
el vaivén de nuestros cabellos,
descoordinados
los
que te desarmaron trágica Elisa.
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